Amar la diversidad, NYC.

Hace unos días estuve en Nueva York y al mismo tiempo entre Corea del Norte y  Estados Unidos de Norteamérica se comenzaban a tensar sus relaciones cada vez más y hasta el día de hoy se sigue considerando posible una declaración de guerra entre ambas naciones.

Solo ahí comprendí lo que pasa con las millones de personas inocentes que están en medio de las decisiones de dos dirigentes.

Actualmente nos enfrentamos a un mundo lleno de intolerancia entre países, religiones, políticos, preferencias sexuales, por solo mencionar algunos.

Entiendo que no todos pensemos igual o estemos deacuerdo con los demás pero, ¿Por qué llegar a la violencia para demostrar que algo nos desagrada?

La diversidad es aquello que nos enriquece como seres humanos, lo que nos hace aprender el uno del otro. Por el contrario los prejuicios nos hacen tener una vida tan cuadrada y cerrada que no nos deja apreciar la belleza de las personas que nos rodean.

Particularmente quedé atónita cuando supe que Nueva York es la ciudad con mayor diversidad cultural. De los 8 millones de personas que habitan en esta ciudad, más de 3 millones son extranjeros. Es una ciudad hecha de gente de todo el mundo, asiáticos, europeos, latinos, africanos, todos viven en una pequeña porción de tierra y comparte sus religiones, modas, comida. Todos trabajan juntos sin importar su ascendencia.

Definitivamente no me considero una persona seguidora de la cultura estadounidense pero por lo que he visto y vivido, he aprendido que cada país, cada cultura, cada ciudad, tiene una enseñanza para mejorar nuestra vida. Esta ocasión me tocó aprender de la tolerancia pero en la práctica, no sólo de dientes para afuera. Aprender a convivir con las personas respetando su individualidad.
Tampoco digo que no expresemos aquello que nos desagrada o no denunciemos actos inhumanos, pero el punto es no caer en la violencia ni en la ofensa.

Todos somos libres de expresar nuestra opinión o de promover lo que consideremos correcto mientras se siga respetando la integridad de los demás.

Observar el comportamiento de las personas es uno de mis pasatiempos favoritos y ver cómo los oficinistas de los grandes corporativos ubicados en la 5th avenida van a comer a China Town o a Little Italy es una mezcla cultural impresionante.

Otro momento interesante es cuando todos se dirigen a territorio latino en el Bronx para ver a los Yankees y en el descanso ves bailar al ritmo de reggaeton a japoneses, dominicanos, afroamericanos, europeos o cualquiera que le guste.

Todos se reúnen en el Harlem para escuchar el mejor jazz sin importar el color de su piel.

Y todo esto me recuerda una frase zapatista que dice así:

“Un mundo donde quepan muchos mundos”

Estoy segura de que es lo que necesita el planeta en estos días, más tolerancia y más amor entre los seres humanos. Menos guerra, menos odio.

Make love, not war.

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